La colaboración entre partidos políticos de países diferentes pero ideológicamente próximos se ha demostrado positiva a lo largo de las ultimas décadas. Pese a las lógicas dificultades que conlleva establecer plataformas plurinaciones de partidos políticos, a la larga suelen ser instrumentos útiles para fomentar el dialogo y la búsqueda de soluciones a problemas de los ciudadanos que trascienden fronteras nacionales, como las crisis económicas, la seguridad o el cambio climático.
Creo que el caso más exitoso de integración política transnacional que se ha dado en todo el mundo es el del Partido Popular Europeo (PPE). Fue creado en 1976 sobre las bases de la democracia cristiana alemana e italiana. En los años posteriores, lideres destacados de este partido como Helmut Kohl o Wilfried Martens, actual Presidente del PPE, decidieron ampliar el espectro ideológico de la organización dando entrada a partidos conservadores y de corte liberal. Lograron así que el PPE fuese creciendo y adquiriendo mayor influencia política, en paralelo al desarrollo de la Unión Europea (UE).
También a comienzos de los años 90 ingresó en el PPE el Partido Popular español gracias al entonces Presidente Aznar. El PP era considerado en Europa, y sigue siéndolo, un ejemplo de integración de formaciones y grupos políticos ideológicamente próximos.
Hoy en día el PPE se ha consolidado como la mayor y más relevante fuerza política transnacional en Europa, con más de 70 partidos miembros procedentes de 40 países, 26 de ellos Estados miembros de la UE. La influencia positiva de sus reuniones periódicas de Jefes de Gobierno y también de Ministros de diferentes carteras ha quedado demostrada a la hora de avanzar en la integración económica en la UE y de contribuir a buscar soluciones a la actual crisis, por ejemplo impulsando una mayor unidad y coordinación bancaria y fiscal, en línea con la posición del Presidente Mariano Rajoy.
Organizaciones como el PPE ofrecen además un foro de dialogo y de debate permanente a los partidos políticos y a sus lideres, estén o no en el gobierno de sus respectivos países. El hecho de trabajar unidos, pese a las lógicas diferencias, tiene a la larga efectos muy beneficiosos.
Por ello creo que iniciativas similares en otras regiones del mundo podrían ser positivas, y de hecho el PPE es miembro de una organización global, la Internacional Demócrata de Centro (IDC), que agrupa a partidos de centro y centro-derecha de cuatro continentes.
Teniendo en cuenta la experiencia del PP en el PPE, no es de extrañar que sea el PP y su Secretaria General María Dolores Cospedal con el apoyo de FAES y de Aznar los que estén impulsando la creación en America Latina de una plataforma parecida que formarían partidos que comparten valores similares a los del PPE.
La tarea no es fácil puesto que la exitosa historia de integración que ha alcanzado la UE no puede compararse con la de otros bloques de países. Valga como ejemplo el establecimiento de una moneda única en la zona euro o la supresión de fronteras en el “espacio Schengen”. Pero ello no implica que no sea deseable en America Latina una mayor colaboración entre fuerzas políticas ideológicamente próximas porque ello, como ha ocurrido en Europa con el PPE, redundaría en un mayor bienestar para sus ciudadanos.
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